**El complejo escenario de la siembra invernal en Uruguay: Decisiones cruciales bajo presión global y climática**

Los agricultores de Uruguay se enfrentan a un intrincado dilema de planificación para la inminente zafra de cultivos de invierno. La escalada bélica en Medio Oriente ha desestabilizado los mercados globales, provocando un alza en los precios de los aceites y reconfigurando las proyecciones para la producción de granos. En este panorama volátil, la pregunta central para los productores es: ¿qué y cuánto sembrar?

El ciclo agropecuario de este año se inicia con una siembra invernal marcada por una incertidumbre sin precedentes. Factores como el conflicto bélico, la sequía local, la fluctuación del dólar a nivel nacional y mundial, los precios récord del ganado de reposición que contrastan con una baja incipiente en el valor del ganado gordo, conforman un entorno donde la toma de decisiones agrícolas es excepcionalmente compleja y desafiante.

Los próximos 30 días resultan determinantes para establecer la elección de cultivos, la estrategia de fertilización y la rotación de siembras para la segunda mitad del año. No obstante, estas determinaciones no serán uniformes. Los productores del norte que han recibido precipitaciones se encuentran en una posición diferente a sus pares del sur, quienes batallan día a día con cultivos en estado crítico por la falta de agua.

La modelización de los sistemas productivos actuales se ha vuelto casi inviable. Las variables de costos y precios están a merced de la evolución del conflicto en Medio Oriente, particularmente en lo que respecta al Estrecho de Ormuz. La continuidad de un posible bloqueo iraní, mediante minas y drones de bajo costo, o la capacidad de las potencias occidentales para garantizar la navegación, determinará la fluidez del comercio. Cada jornada que pasa anticipa mayores costos para los combustibles y los fertilizantes. La región de Medio Oriente es crucial, ya que de allí proviene un tercio del comercio global de fertilizantes nitrogenados, principalmente urea, cuya fabricación depende del gas natural, un insumo energético que ha superado el incremento del petróleo. El precio de la urea ha escalado en US$ 150 por tonelada en las últimas dos semanas para entregas en abril y mayo.

**Insumos ya elevados antes del conflicto**
«Los costos de los insumos ya eran significativos antes del estallido del conflicto, con una relación insumo-producto desfavorable debido al bajo valor del trigo. El aumento de la urea ahora arrastra al resto de los nutrientes, especialmente fósforo y potasio», explicó Santiago Raffo, gerente de insumos de Megaagro. Añadió que el fosfato de amonio ronda los US$ 900 por tonelada, en un contexto de baja liquidez en la cadena de distribución.

Las estimaciones de la Unión Rural de Flores (URF) de febrero indicaban leves aumentos de 1% a 2% en los costos de siembra para trigo y cebada en comparación con 2025. El trigo proyectaba US$ 630 por hectárea y la cebada US$ 702/ha, con US$ 237 destinados a urea y otros fertilizantes en ambos casos, representando el 37% del costo total para el trigo y el 30% para la cebada. Elena Loaces, de URF, enfatizó la incertidumbre en torno a la urea, que no solo afecta el precio, sino también la disponibilidad y los niveles de stock de las empresas, con impacto directo en trigo, cebada y colza.

La proporción del presupuesto dedicada a fertilizantes podría superar el 40%, ejerciendo una fuerte presión sobre los márgenes de ganancia. Si la escasez de disponibilidad impide cumplir los objetivos nutricionales, los rendimientos y volúmenes de producción podrían verse seriamente comprometidos.

**El Estrecho de Ormuz bajo el microscopio**
Según la ONU, el Estrecho de Ormuz es un paso vital para la exportación de aproximadamente 1,33 millones de toneladas de fertilizantes mensuales. Un cierre de solo 30 días podría generar escasez global y amenazar los rendimientos de cultivos nitrogenodependientes como el maíz, trigo y arroz. En Uruguay, la presión más inmediata se siente en avenas y verdeos, que se encuentran en plena ventana de siembra. Sin embargo, Raffo destacó que, debido a los altos precios de la carne y la leche, «la relación insumo-producto podría ser más favorable en el sector ganadero que en la agricultura». Aún existe un margen de maniobra para los cereales y la colza, cuya siembra comienza a partir de mayo.

Los rendimientos bajos proyectados para los cultivos de soja, afectados por la sequía, «podrían facilitar un mayor aprovechamiento del fósforo residual, que, si bien no ha subido tanto de precio, podría ser de ayuda», según el gerente de insumos de Megaagro. El clima añade su propia cuota de incertidumbre, con pronósticos de una primavera bajo la influencia de El Niño que podría favorecer a los cultivos de verano con temperaturas y humedad superiores a lo normal, pero también elevar los riesgos sanitarios y complicar la cosecha de los cultivos de invierno.

**Colza, carinata y camelina: las opciones más prometedoras**
Las brásicas –colza, carinata y camelina– se perfilan, una vez más, como los cultivos más atractivos. Estas oleaginosas de invierno, destinadas principalmente a la producción de biocombustibles en Europa, podrían superar las 297 mil hectáreas sembradas en la zafra de 2025. En el mercado local, la colza cotizó esta semana entre US$ 500 y US$ 505 por tonelada, mientras que en Europa el precio ha subido un 13% desde principios de año, alcanzando los US$ 575 por tonelada. Cuanto más se prolongue el conflicto y suba el petróleo, mejor será el panorama para estos cultivos, que actúan como una suerte de seguro ante el alza de los insumos.

**El resurgimiento del girasol**
Con la mayor zafra desde 2009, el girasol –el primer cultivo de verano en cosecharse– ya se beneficia de los valores de mercado más elevados desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, aproximándose a los US$ 1.600 por tonelada de aceite de girasol en Europa. Aunque en la región se cotiza a US$ 1.290 debido a la presión de una cosecha récord en Argentina que incrementará sus exportaciones en un 170%. En Uruguay, las 25 mil hectáreas de girasol (el doble que el año anterior) reportaron excelentes rendimientos a pesar de la sequía, y están alcanzando valores de US$ 550 a US$ 600 por tonelada de semilla, incluyendo bonificaciones por contenido de aceite que pueden dejar un margen antes de renta de US$ 500 por hectárea.

**La encrucijada de la soja**
La incertidumbre sobre los rendimientos esperados de la soja, comprometidos por la escasez de lluvias, frena las ventas de grano, a pesar de que esta semana alcanzó su valor más alto en casi dos años (mayo de 2024), con cotizaciones de US$ 410 por tonelada en el mercado interno. No obstante, las primas crecientes solo captan parcialmente el precio de Chicago, que llegó a US$ 455 por tonelada. Fernando Villamil, director de Hajnal & Cía, comentó que «desde la perspectiva del productor, es un escenario de precios favorables, superando las expectativas, pero la gran incertidumbre sobre el volumen de la cosecha, con una caída importante en los rendimientos, dificulta tomar posiciones en el mercado».

En la zafra anterior, se cosecharon casi 4 millones de toneladas de soja en 1,38 millones de hectáreas, con un rendimiento récord de 3.121 kg/ha. Para la campaña actual, Villamil hipotetizó un rendimiento promedio cercano a los 1.800 kg/ha, lo que, en 1,25 millones de hectáreas, resultaría en una cosecha de aproximadamente 2,25 millones de toneladas, prácticamente la mitad del año pasado. En Chicago, el aumento de la soja sigue la tendencia de los aceites, y los productores que almacenan la mayor parte de la cosecha anterior están aprovechando para vender. Sin embargo, China aún no realiza compras significativas de soja estadounidense. «No hay una correlación con las operaciones físicas. Ante tanta inestabilidad, el comercio se restringe a lo esencial y de corto plazo, se amplían los rangos, y las coberturas para ventas diferidas quedan muy abiertas», señaló Villamil.

**Demanda sólida de oleaginosas frente a una oferta récord**
En el último mes, el precio de la soja en Chicago alcanzó máximos de dos años, aunque la prima para los embarques en puertos sudamericanos, en plena cosecha, se amplió. En Argentina, los valores acompañaron la suba más que en Brasil, que está presionado por una estimación de producción récord de 180 millones de toneladas y una apreciación del real frente al dólar del 6% en 2026. A las expectativas de demanda interna de biocombustibles en Estados Unidos, que pronto publicará un nuevo mandato que aumentaría la mezcla con combustibles convencionales, se suma el alza del petróleo, que renueva la competitividad de los aceites vegetales. El precio del aceite de soja estadounidense subió un 35% en las primeras 10 semanas de 2026, alcanzando máximos de tres años. El aceite de palma de Indonesia, habitualmente el más económico, superó las referencias del aceite de soja sudamericano (Argentina y Brasil), influenciado por el volumen de cosecha y el aumento de la producción. La subida de precios parece consolidarse por la demanda, ya que la oferta sigue siendo abundante.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta una producción récord de aceite de soja de 71,4 millones de toneladas en 2026, 1,3 MT más que el año anterior (+1,9%), con una caída estimada de las exportaciones de 14 a 12,8 millones (-8,5%) y un incremento del consumo interno impulsado por los biocombustibles. La colza, con una producción que crecerá un 11% este año hasta un récord de 95,5 millones de toneladas (desde los 86 MT de 2025), es el cultivo aceitero de mayor crecimiento global y compensa la menor disponibilidad de girasol de los últimos años debido al conflicto en el Mar Negro. Esta oleaginosa invernal experimentó un fuerte impulso en Australia y también en Uruguay, que en la última zafra produjo unas 500.000 toneladas. Mientras la producción de soja se incrementó un 18% en cinco años, la colza añadió 20 millones de toneladas, creciendo un 25%. Con un nuevo aumento a 35,76 millones de toneladas, un nivel récord de producción, las exportaciones de aceite de colza aumentarían un 9% respecto a 2025, llegando a 7,92 MT, según el USDA. La producción de girasol este año encuentra estímulos de precio y condiciones productivas para comenzar a recuperarse de la baja de los últimos años. Para el aceite de girasol, la producción se ajustó al alza en marzo a 20,75 millones de toneladas y las exportaciones a 13,2 MT, con stocks que seguirán siendo reducidos.

**El trigo cede terreno, la cebada genera interés**
El trigo ha acompañado el repunte de los precios de los granos. Tras dos años en niveles deprimidos, alcanzó los US$ 240 por tonelada en la posición diciembre 2026 de la Bolsa de Chicago, un aumento del 17% desde enero. La cebada, con precios usualmente vinculados al trigo de diciembre, despierta mayor interés que hace un mes, con valores que subieron hasta los US$ 218 esta semana, y se espera la definición de las condiciones comerciales de las malterías para la siembra, a pesar de la sombra del cierre por tres meses más de la planta de Ambev en Paysandú. «En cereales, es fundamental ver si los precios de los commodities se ajustan a la relación precio-insumos en el momento de la siembra», sostiene Villamil. Por ahora, aunque el precio del grano ha mejorado, no compensa el marcado encarecimiento de fertilizantes, combustibles y costos logísticos. A corto plazo, predecir su estabilidad es complicado. En cualquier caso, es una sacudida para los principales granos que no mostraban fundamentos agrícolas y de mercado para una subida de precios, con una oferta que sigue siendo importante y existencias elevadas. «Eso cambió», afirmó el director de Hajnal & Cía.

El trigo enfrenta varios obstáculos. A pesar del ascenso en Chicago, una cosecha muy abundante en Uruguay y Argentina la zafra pasada mantiene estable el precio local en US$ 180 por tonelada, muy por debajo de las referencias de la cebada, que, regida por Chicago, se acerca a US$ 220, y aún más lejos de las oleaginosas que superan los US$ 500. Además, mientras estos últimos cultivos pueden comercializarse mucho antes de la cosecha, esa flexibilidad no está disponible para el trigo, atado a la venta física.

**Un mar de interrogantes**
Los productores tienen sobre la mesa una compleja partida estratégica. La agronomía desaconseja la repetición de cultivos, limitando el crecimiento de las oleaginosas. En la cebada, el cierre de Ambev puede generar incertidumbre en el área al norte del río Negro. Mientras tanto, en el cultivo con mayor superficie tradicional, el trigo, las cifras actuales generan un profundo mar de dudas.

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