Un futuro crucial para el campo natural uruguayo, en un año de celebración rural

En un 2026 particularmente significativo, declarado «Año Internacional de los Pastizales y los Pastores» a nivel global, el campo natural de Uruguay, un valor distintivo esencial para su producción ganadera, enfrenta un momento decisivo para su porvenir. Blasina y Asociados señala que este «terroir» ganadero, que abarca gran parte del país, es un activo infravalorado pero fundamental para un desarrollo sostenible.

Para muchos en entornos urbanos, el concepto de «campo natural» no es del todo claro. Se refiere a vastas extensiones donde el forraje crece espontáneamente, sin intervención humana en la siembra. La relevancia de esta conmemoración internacional radica en la urgencia de preservar la diversidad genética del planeta, ya que los pastizales ofrecen una excepcional oportunidad para producir proteínas de alta calidad en armonía con la vida silvestre.

**El «terroir» de la carne uruguaya**

Mientras que los sistemas de engorde industrial pueden generar carne eficiente y rentable, a menudo carecen del «terroir»: ese sabor y calidad únicos que resultan de la interacción compleja entre geología, clima, biodiversidad, paisaje, evolución biológica y prácticas culturales. La alimentación variada que ofrecen cientos de especies vegetales del campo natural es lo que dota a la carne uruguaya de una diferenciación sensorial inigualable, un factor crítico para su valorización.

Este enfoque de valor agregado cobra especial importancia en un contexto donde el precio de exportación ha superado los US$ 6.000 por tonelada, confirmando que Uruguay exporta una especialidad, no un producto básico. A diferencia de otros exportadores intensivos, donde los terneros rara vez pastan en campos naturales, el ganado uruguayo disfruta de una dieta diversa, comenzando su cría en pastizales autóctonos, continuando con una combinación de estos y pasturas sembradas, y finalizando con pasturas y grano.

Este modelo no solo apunta a un diferencial gustativo único, sino que también prioriza el bienestar animal, un componente cada vez más demandado en los mercados internacionales. En tiempos de elevados costos y conflictos, el sistema basado en el campo natural, alimentado por energía solar, presenta una ventaja considerable al ser menos susceptible a las fluctuaciones de precios del gasoil y los fertilizantes. La cría a campo natural se encuentra en un punto óptimo, con costos reducidos y un producto de alto valor que impulsa los precios de exportación, del novillo (superando los US$ 2.000) y del ternero (con una zafra récord de US$ 800 por animal).

**Un capital intangible con beneficios tangibles**

Más allá de los réditos económicos, el campo natural representa un capital intangible que contribuye a sostener y elevar los precios, al contar una historia de convivencia entre un sistema productivo y la vida silvestre. Es un aliado crucial para los amantes de la naturaleza, especialmente de las aves, cuyas poblaciones amenazadas dependen de estos ecosistemas para anidar y sobrevivir.

Este capital, forjado a lo largo de millones de años, no solo se adapta mejor a los caprichos climáticos (sequías, inundaciones) sino que ofrece un potencial de mejora continua mediante ajustes en el manejo, como la optimización de cargas o la incorporación de semillas. Su historia geológica y biológica es asombrosa, habiendo sido hogar de megafauna extinta y moldeado por herbívoros gigantes que, con su pastoreo, diseñaron los pastizales actuales. Es el ecosistema donde se gestó la cultura local, desde los pueblos originarios hasta los gauchos e inmigrantes, conformando aspectos culturales que definen la identidad de Uruguay.

El campo natural se integra sinérgicamente con otros pilares del prestigio uruguayo: la protección del monte nativo, la forestación responsable, los planes de uso del suelo, la producción de lana, la trazabilidad, la matriz energética limpia y una agricultura sin deforestación. Si bien el mercado internacional impulsa los precios récord, la persistencia y la escalada de estos valores dependen de un posicionamiento estratégico donde el campo natural juega un papel estelar.

Un sistema basado en el campo natural no excluye la incorporación de praderas, verdeos o granos. La combinación de cría a campo natural, recría con forrajes mejorados y terminación con grano optimiza la rentabilidad, la ternura de la carne, la biodiversidad y minimiza las emisiones de metano, todo con garantía de cero deforestación. Además, promueve la rápida incorporación de nutrientes al suelo, el control biológico de plagas y ofrece la gratificación de trabajar en un paisaje de innegable belleza.

Aunque su bajo uso de insumos limite el patrocinio, el campo natural integra tecnología avanzada en el diseño de pastoreos y manejo veterinario. La economía tradicional aún no valora plenamente el canto de las ranas en una laguna o el asombro infantil ante la vida silvestre, pero si la carne uruguaya alcanza el estatus de «etiqueta azul de las carnes», el valor de los terneros y la calidad de vida rural se verán beneficiados por este aporte gratuito de energía solar. Con el libre comercio con la Unión Europea, Uruguay tiene la oportunidad de capitalizar esta ventaja, ya que la UE demanda precisamente lo que este sistema ofrece.

**Liderazgo global y desafíos pendientes**

Uruguay y Mongolia han sido reconocidos por la FAO como protagonistas del Año Internacional de Pastizales y Pastores, destacando la importancia de la cultura del pastizal y demostrando cómo puede impulsar el desarrollo económico, humano y planetario, algo que ningún otro país de Oceanía o el Mercosur puede igualar en proporción de campo natural.

Sin embargo, este capital enfrenta amenazas significativas, tanto económicas como ecológicas. Su defensa económica recae en los precios de terneros, corderos y lana. Las amenazas ecológicas incluyen la expansión de especies invasoras como el capín annoni y la garrapata, así como la proliferación de ciervos exóticos que causan daños, cuya gestión es políticamente compleja. A esto se suma la falta de valoración del carbono que el campo natural retiene, sin ser premiado en los esquemas de protección actuales. La materia orgánica del suelo, si bien beneficiosa, también puede ser una tentación para la conversión a cultivos agrícolas de corto plazo, a expensas de un tapiz milenario de biodiversidad y carbono.

En instancias de aprendizaje, como las visitas a establecimientos «La Navidad» (Salto) y «La Gringa» (Artigas), se ha constatado la riqueza de más de 50 especies vegetales por metro cuadrado, la recuperación de venados de campo y la resiliencia productiva, incluso en la peor sequía reciente, con preñeces superiores al 90%. El campo natural es sinónimo de adaptación, resiliencia, sostenibilidad y biodiversidad, cualidades cada vez más esenciales. Producir a bajo costo agregando valor: la base de nuestra ganadería es una llave de oro para un Uruguay desarrollado. Solo es cuestión de reconocerla.

Fuente: Enlace Original

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