Tras su ponencia en las Jornadas Uruguayas de Buiatría de 2026, el consultor independiente Gianni Bianchi Olascoaga profundizó en La Tribuna del Agro sobre la pregunta crucial para el sector ovino: ¿se están utilizando las razas correctas? Su participación en el evento, organizado por el Centro Médico Veterinario de Paysandú (CMVP), incluyó una disertación titulada «Razas ovinas de pelo para la producción de carne en Uruguay: mitos, ventajas y limitaciones».
En una columna exclusiva para La Tribuna del Agro en El Observador, Bianchi enfatizó que «la discusión de fondo no es elegir entre lana o pelo, sino construir sistemas más productivos y rentables».
**La importancia de la genética en un sector en declive**
Uruguay ha experimentado una drástica disminución de su población ovina, pasando de más de 26 millones a menos de 5 millones en menos de tres décadas. Si bien factores externos como la volatilidad del mercado, barreras sanitarias o arancelarias, el menor interés industrial, la depreciación de lanas gruesas, el abigeato, la depredación y la actividad más demandante que la ganadería vacuna son frecuentemente señalados, Bianchi argumenta que estas explicaciones son incompletas para justificar la magnitud del descenso. La competitividad futura, según el experto, reside en dos pilares fundamentales que dependen de las decisiones a nivel de establecimiento: la adopción de tecnología y la mejora genética.
Se observa que, aunque existen tecnologías de proceso y de insumo que podrían potenciar significativamente la productividad, su implementación sigue siendo insuficiente. Bianchi subraya que, incluso con una amplia adopción tecnológica, el factor genético establece el límite máximo de producción. Es decir, la tecnología nos acerca al potencial productivo, pero la genética es quien lo define.
**Especialización genética para la productividad**
Históricamente, la ovinocultura uruguaya se ha centrado en razas de doble propósito. Sin embargo, los sistemas más competitivos a nivel global han migrado hacia la especialización. La estrategia es clara: priorizar la producción de un mayor número de corderos y, posteriormente, aumentar los kilogramos de carne por cada uno. Países como Australia y Nueva Zelanda, por ejemplo, sustentan su competitividad en la combinación de razas maternales prolíficas (como Highlander y Border Leicester) que incrementan la cantidad de corderos por oveja/año, con razas terminales cárnicas (como Southdown, Ile de France y Poll Dorset) que mejoran el crecimiento, la conformación y el rendimiento en canal. La prolificidad, destaca Bianchi, es el motor fundamental del sistema; sin más corderos, ninguna tecnología puede multiplicar la producción de carne.
**Sinergia de genética y tecnología**
Cuando la genética y la tecnología operan de forma conjunta, los avances productivos son significativos. La sinergia entre genética, manejo, mejoras de infraestructura y terminación en corrales puede incrementar la producción de carne por hectárea en más de veinte veces. Además de potenciar el crecimiento y el rendimiento de canal, los corrales cumplen una función estratégica al liberar forraje, permitiendo la invernada de corderos adicionales.
**Razas de pelo: entre la moda y la evidencia**
El interés por las razas ovinas de pelo ha crecido notablemente, impulsado por la devaluación de las lanas medias y gruesas, los altos costos de esquila y los desafíos de comercialización. Sin embargo, Bianchi advierte que no se trata de una categoría homogénea, existiendo diversas opciones con sus propias ventajas y desventajas. Subraya también que la ausencia de lana no garantiza un deslane uniforme ni exento de costos, y que esta característica es solo una entre muchas. El debate fundamental, reitera, debe orientarse hacia la genética que asegure mayor producción de corderos, más carne y, en última instancia, mayor rentabilidad.
**La necesidad de investigación local y rigor científico**
Bianchi enfatiza la importancia de priorizar la evidencia sobre las tendencias pasajeras. Advierte contra el error de estudiar las razas disponibles sin antes identificar y validar rigurosamente las opciones más prometedoras bajo las condiciones locales de Uruguay. A pesar de la existencia de más de un centenar de razas de pelo a nivel mundial, no todas son igualmente aptas. La raza Katahdin, por ejemplo, se perfila como una alternativa digna de evaluación, pero la experiencia internacional no exime la necesidad de investigación local exhaustiva. Es crucial comparar estas razas con los mejores materiales genéticos ya establecidos, mediante evaluaciones rigurosas y de largo plazo. En un sector que ha visto modas prevalecer sobre la evidencia en el pasado, el experto concluye que la verdadera meta no es optar entre lana o pelo, sino desarrollar sistemas ovinos más productivos y rentables. Esto exige más datos concretos y menos entusiasmo, recordando que los sistemas exitosos se construyen sobre fundamentos sólidos y perduran en el tiempo.
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