Estados Unidos se enfrenta a una seria crisis sanitaria de gran magnitud que lo ha sorprendido, pese a las advertencias previas: la reaparición de la mosca de la bichera en su territorio. Con la temporada de verano en pleno desarrollo, los expertos anticipan que esta problemática no tendrá una solución inmediata.
La confirmación esta semana de al menos cinco brotes del gusano de la mosca de la bichera marca un evento sin precedentes en seis décadas para Estados Unidos. Este suceso representa un golpe adicional para una industria ganadera ya debilitada por la menor oferta de ganado en décadas, cuya verdadera repercusión aún es difícil de cuantificar. No obstante, se vislumbra como un posible factor para sostener los actuales precios internacionales de la carne.
**El gusano barrenador del Nuevo Mundo: Una plaga devastadora**
Esta plaga, conocida científicamente como gusano barrenador del Nuevo Mundo, tiene la capacidad de infestar a cualquier animal de sangre caliente, incluyendo bovinos, mascotas, fauna silvestre e, incluso, en raras ocasiones, a seres humanos. Sus larvas penetran en los tejidos vivos, provocando heridas graves, considerable sufrimiento animal y cuantiosas pérdidas económicas. En Uruguay, esta mosca es una constante tanto en ganado vacuno como ovino, generando perjuicios económicos que oscilan entre los US$ 40 y US$ 52 millones anuales a la producción.
Justamente en el momento en que se implementaba un plan de erradicación mediante control biológico, la estrategia continental se vio comprometida con la ruptura de la barrera establecida en Panamá desde finales del siglo XX, ocurrida en 2022. En los años subsiguientes, la mosca ha ido progresando hacia el norte, y se presume que Estados Unidos había estado preparándose para la eventual llegada del gusano a medida que la plaga avanzaba por México.
**Impacto económico y avance de la plaga**
Los especialistas han proyectado que una propagación generalizada de la mosca en EE. UU. podría acarrear pérdidas económicas por US$ 1.800 millones y tener un efecto devastador en la fauna silvestre. Por ahora, los casos se han detectado en Texas y Nuevo México. Sin embargo, se prevé que el gusano continúe su expansión de sur a norte, como lo ha hecho a lo largo de Centroamérica durante los cuatro años transcurridos desde su primer foco en Panamá.
Dudley Hoskins, subsecretario del Departamento de Agricultura (USDA) para programas de comercialización y regulación, afirmó: «Esta situación está en evolución y esperamos obtener nueva información a medida que avance nuestra investigación». La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, anunció el lunes en Kerrville, Texas, que el USDA pronto divulgará a los beneficiarios de un fondo de US$ 100 millones, destinado a tecnologías de control contra la mosca barrenadora, anunciado el año pasado.
Las repercusiones económicas son diversas. Aunque no representa un riesgo para la salud humana y las exportaciones de ganado en pie desde Texas a Canadá no son considerables, los canadienses ya impusieron una prohibición a la importación de ganado tejano tras el segundo caso de gusano barrenador. México también ha restringido la entrada de ganado estadounidense, habiendo registrado más de 28.200 casos de la enfermedad desde noviembre de 2024. El objetivo de esta medida es salvaguardar sus hatos en los estados norteños de Baja California, Baja California Sur, Chihuahua y Sinaloa, donde aún no se han confirmado casos.
**¿Oportunidad para Uruguay y el Mercosur?**
La importancia de esta situación para Uruguay y el Mercosur radica en que la escasez en el mercado estadounidense ha sido un impulsor clave de los precios de la carne, y esta situación ahora parece prolongarse. El ganado mexicano, que previamente abastecía a los corrales del sur de Estados Unidos, continuará sin poder ingresar, y el esfuerzo de los ganaderos estadounidenses por incrementar su producción de terneros se verá obstaculizado.
Con el stock ganadero más bajo en 75 años y un precio récord para la carne, que contribuye a una inflación superior al 4% —cifra atípica para Estados Unidos—, se extiende la oportunidad de colocar carne a precios ventajosos en un mercado que, hasta el momento, ha demostrado resiliencia ante el aumento del costo de la carne para el consumidor. Esta dinámica beneficia a Uruguay y a los demás países del Mercosur.
Los precios minoristas de la carne vacuna alcanzaron un máximo histórico de US$ 9,64 por libra en abril, equivalente a unos US$ 20 por kilo, lo que representa un aumento del 13% respecto al año anterior, según datos del USDA. A nivel global, el consumo interno ha disminuido en la mayoría de los principales mercados, con la notable excepción de Estados Unidos e India. La restricción a la entrada de ganado mexicano se prolongará, acentuando la marcada escasez de materia prima para la industria frigorífica estadounidense. Mientras tanto, la industria frigorífica mexicana, que enfrentaba problemas similares de falta de materia prima, encuentra un respiro.
Se prevé que la recuperación de la producción en Estados Unidos se retrase aún más, y los corrales demorarán en asegurar su abastecimiento. México solía exportar entre 1,5 y 1,6 millones de animales en pie anualmente, una cifra cinco veces superior a la de Uruguay. Este flujo se interrumpió el año pasado con la aparición de la mosca en territorio azteca, pero esa precaución no fue suficiente.
En Estados Unidos, las proyecciones de producción continúan a la baja: el informe mensual de mayo del USDA ajustó un 0,8% a la baja la estimación de producción de carne para este año, y se espera que las exportaciones estadounidenses disminuyan más del 8% en comparación con 2025. La previsión de producción de carne vacuna se reduce con cada nueva estimación, acumulando una caída del 9% en cuatro años, lo que genera un efecto dominó: menos exportaciones y mayores importaciones. Un país que tradicionalmente importaba carne económica para hamburguesas y exportaba carne de alto valor en volúmenes similares, se ha transformado en un importador neto en volúmenes récord.
Actualmente, Estados Unidos cuenta con el rodeo más reducido en décadas, particularmente en vacas de cría. Su oferta de terneros propios se encuentra en mínimos, y la importación de los mismos ha sido cancelada. A esto se suma el costo adicional que los productores deben asumir para contener una propagación que podría ser muy significativa.
Estados Unidos ha ampliado el cupo de carne libre de aranceles de Argentina, país que, por el momento, posee una oferta ganadera muy limitada; y en proporciones distintas, lo mismo sucede en Uruguay y Brasil. Los ganaderos estadounidenses enfrentan elevados costos financieros debido al alza de las tasas de interés, una sequía generalizada en el oeste del país (que abarca gran parte de Texas) y la consolidación de la interrupción de su principal fuente de abastecimiento en México. «Esto solo prolonga el tiempo que tardará la industria ganadera en recuperarse», comentó Tom Johnston, editor jefe de la publicación especializada Meatingplace, a CNN.
**Las vicisitudes de un problema persistente**
La mosca de la bichera ha sido un verdadero azote para los ganaderos estadounidenses desde al menos la década de 1930. En la década de 1950, los científicos descubrieron un método para esterilizar a las moscas y erradicar así la población local de moscas fértiles, impidiendo su reproducción.
La erradicación del gusano barrenador en Estados Unidos y México se llevó a cabo mediante la liberación de moscas estériles, fruto de un esfuerzo binacional entre 1972 y 1991. En Estados Unidos, la campaña inició en Florida (1957-1960), produciendo 50 millones de moscas estériles por semana, logrando erradicar la plaga con una inversión de 11 millones de dólares y evitando pérdidas anuales de 20 millones de dólares. Posteriormente, la campaña se expandió por todo el país. En 1972, se estableció la Comisión México-Estados Unidos con el objetivo de erradicar la plaga en México, construyendo una planta en Chiapas con capacidad para producir 500 millones de moscas estériles por semana. Para 1987, la plaga había sido eliminada en gran parte de México, y entre 1988 y 1991, el programa se extendió a Centroamérica, culminando en Panamá en 2001, donde hoy se ubica la única instalación operativa para la producción de moscas estériles.
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