El reciente foro «La Tribuna del Agro» puso el foco en un tema de vital importancia para Uruguay: la necesidad de «producir conservando», con énfasis en la protección de los pastizales naturales del país. Carlos María Uriarte, presidente de la Asociación Uruguaya de Ganaderos del Pastizal (AUGAP), articuló la urgencia en una columna para El Observador, afirmando: «Es hora de considerar cómo podemos salvaguardar nuestros pastizales antes de que desaparezcan». Subrayó que estas extensiones herbáceas son el cimiento de la ganadería nacional, una parte intrínseca de su identidad ganadera y un elemento crucial para la resiliencia productiva y ambiental, así como para la competitividad del sector.
En su artículo, Uriarte desarrolló la idea de «producir conservando», destacando que el año 2026 ha sido proclamado por la UNESCO y la FAO como el «Año Internacional de los Pastizales y los Pastores». Esta designación representa una oportunidad sin precedentes que Uruguay, cuya ganadería es mayoritariamente pastoril —una característica distintiva a nivel mundial—, no debería desaprovechar. El país tiene la oportunidad de promover y visibilizar esta particularidad tanto a nivel interno como externo. Sorprendentemente, muchos ganaderos locales desconocen la singularidad de este sistema productivo que los distingue. Geográficamente, Uruguay se sitúa en el núcleo del vasto Bioma Pampa, un ecosistema de 1.2 millones de kilómetros cuadrados vital para la seguridad alimentaria global, especialmente ante la proyección de un crecimiento de la población mundial en 2.000 millones de personas para 2050.
Uriarte detalló la profunda relevancia de los pastizales para Uruguay. Además de ser el pilar de la ganadería y la identidad asociada, son fundamentales para la resiliencia productiva y ecológica; su capacidad para ser los últimos en sucumbir y los primeros en rebrotar ante una crisis hídrica los hace insustituibles. También son clave para la competitividad económica de la ganadería, permitiendo la producción de carne, lana y leche a bajo costo. La ganadería pastoril sobre pastizales se distingue además por su aporte ambiental: funcionan como sumideros de carbono, absorbiendo CO2 atmosférico y equilibrando las emisiones de los rumiantes; son esenciales para la conservación de la biodiversidad, tanto superficial como edáfica; y desempeñan un rol crítico en el mantenimiento de la calidad del agua. Su impacto no es menor en la preservación de la cultura y las formas de vida tradicionales ligadas a estos paisajes.
Sin embargo, Uriarte alertó sobre una tendencia histórica preocupante: la drástica disminución de la superficie ocupada por pastizales naturales en las últimas cuatro décadas. Si en 1985 cubrían aproximadamente el 75% del territorio uruguayo, para 2024 apenas alcanzan el 57%. Entre 1985 y 2024, se perdieron 2.9 millones de hectáreas, lo que representa una reducción del 22% de la superficie original. Este fenómeno se atribuye principalmente a la expansión de la agricultura y la forestación. La superficie agrícola se incrementó en más del 136%, pasando de 1.4 millones a 3.4 millones de hectáreas, mientras que la silvicultura se multiplicó por diez, de 130,000 a 1.3 millones de hectáreas, en el mismo periodo.
Este cambio en el uso del suelo no fue uniforme en todo el país. Hubo regiones donde la agricultura avanzó más, como el suroeste y el litoral centro/sur, y otras donde predominó la forestación, como el litoral centro/norte y, más recientemente, las sierras del este. Aún existen zonas que mantuvieron un uso predominantemente pastoril, como la cuesta basáltica del litoral norte. Uriarte trazó un paralelismo: mientras que en lugares como la Amazonía la expansión productiva implica deforestación, en Uruguay ha provocado una «despastizalización». En sus palabras, «los pastizales son nuestra Amazonía». A pesar de su importancia cardinal, los pastizales carecen de una protección legal explícita, a diferencia de los suelos, el bosque nativo, las áreas protegidas, las lagunas costeras y los humedales. Esta realidad impone la necesidad urgente de concebir mecanismos para su salvaguarda antes de que desaparezcan.
En conclusión, y en el marco de este año tan especial, AUGAP propone varias estrategias. Estas incluyen la promoción de buenas prácticas de manejo, la mejora de la productividad y calidad de los pastizales, y el impulso de tecnologías complementarias, como el control de malezas (ej. Capín Annoni, Senecio, Toyo), el acceso a agua de calidad y la optimización de la salud del suelo mediante suplementación, entre otras. La asociación también aboga por fomentar sinergias con otros sectores, como el uso de la agricultura para suplementación o la forestación para sombra y abrigo. Fundamentalmente, AUGAP busca desarrollar un marco legal similar al de los montes nativos, pero basado en políticas de incentivos que valoren los servicios ecosistémicos que brindan los pastizales, en lugar de multas o prohibiciones. Uriarte enfatizó que los más de 200 ganaderos de AUGAP no están en contra de ningún rubro productivo, sino decididamente a favor de los pastizales.
*(Carlos María Uriarte es ingeniero agrónomo, productor agropecuario, presidente de AUGAP, expresidente de la Federación Rural y exministro de Ganadería, Agricultura y Pesca.)*
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