Myrian Cáceres, destacada artesana, exhibe en la Expo Rural del Prado cómo convierte la lana local en creaciones exclusivas, manteniendo viva la tradición de hilar y tejer.
13 de septiembre de 2026 5:00 hs
La Expo Rural del Prado, escenario habitual para la adquisición de artesanías y vestimenta, alberga este año un espacio particularmente cautivador. En el pabellón de la Intendencia de Canelones, frente a las oficinas de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), los visitantes pueden sumergirse en una propuesta que va más allá de la simple venta.
Allí, Myrian Cáceres, una «artesana de la lana» con taller en Cuchilla Alta (Costa de Oro, Canelones), no solo ofrece a la venta su colección de bufandas, ponchos, ruanas, pashminas, chales y capuchas, sino que también deleita al público con demostraciones en vivo de su arte. Con destreza, maneja la rueca para transformar la lana de oveja en hilo, un espectáculo que captura la atención.
**Un eco de resistencia en quichua**
Para sus obras, Myrian eligió el nombre Taki Ongoy, una expresión quechua que se traduce como «volver al pasado», evocando las raíces andinas de América del Sur. «Taki Ongoy representa un llamado a la memoria, un eco del ‘grito de rebelión’ que inmortalizó Víctor Heredia en su disco», explica Cáceres a El Observador. Su elección busca rendir tributo a las generaciones pasadas y asegurar que el valioso oficio de hilar en rueca y tejer en telar no caiga en el olvido.
Myrian describe su labor como un proceso integral y meticuloso. «Adquiero la lana de ovejas Merino Fino directamente de productores uruguayos. A veces es vellón recién esquilado y otras ya lavado. Si llega crudo, yo misma me encargo del lavado, cardado, hilado y, finalmente, del tejido. Es un proceso simplificado, que puede incluir también un sellado o teñido según la pieza», detalla la artesana sobre su manejo completo de la materia prima.
A diferencia de muchos oficios tradicionales, Myrian no heredó esta habilidad directamente de su familia, aunque su madre también tejía. Fue hace casi tres décadas, en un taller de un centro cultural, donde una maestra le enseñó los fundamentos. «Allí dominé diversas técnicas textiles, desde el telar cuadrado y circular hasta el egipcio», relata con la misma pasión que la caracteriza al hablar de la vocación que abrazó.
Al establecer su propio taller, una determinación clave fue emplear «lana pura de oveja como materia prima, un factor distintivo que agrega un valor innegable a todo lo que produzco y comercializo hoy», afirma.
**Una herramienta con historia del museo de las ruecas**
La curiosa rueca que utiliza en la Expo Rural del Prado, donde estará hasta el domingo 20 de septiembre, fue adquirida en el Museo de las Ruecas de Valizas. Esta «herramienta de torsión», como la describe, es esencial para «dar forma al hilo y asegurar la integridad de la fibra».
Más allá de las ventas, Myrian subraya que su presencia en la Expo Rural del Prado le brinda una recompensa de valor incalculable. «La emoción de que personas mayores recuerden a sus madres o abuelas al ver mi trabajo, o la sorpresa genuina de niños y jóvenes que nunca han presenciado este arte, es profundamente gratificante», comenta. «Que valoren lo que hago, que les despierte curiosidad y se detengan a observar, eso es lo que realmente disfruto».
**»Uruguay posee las mejores lanas del mundo»**
Myrian aprovecha la oportunidad para educar a los visitantes. «Comparto mi trayectoria, explico las cualidades de la lana que empleo, la misma lana fina que Uruguay exporta. Insisto en que poseemos la mejor lana del mundo, tan delicada y suave que permite usar una prenda directamente sobre la piel», relata con orgullo.
En cuanto a los precios de sus creaciones, que suelen generar interés, una bufanda de lana Merino fina puede adquirirse por $1.800, mientras que los ponchos varían entre $1.800 y $2.900, dependiendo del tamaño.
«Mi mayor satisfacción actual, más allá de la alegría de crear y ver a las personas vestir prendas cómodas, bellas y duraderas, es la de preservar este hermoso oficio, exhibir mi trabajo y anhelar que permanezca en la familia», expresa Myrian. Aunque su hijo la asiste ocasionalmente, su pasión principal es la gastronomía, en particular el sushi. Sin embargo, el futuro parece prometedor con su nieta de nueve meses. «Son muy rápidas para aprender», dice entre risas. «Tengo la marca registrada y este oficio es un legado; solo espero el momento para enseñarle. Si le gusta, sería un sueño hecho realidad», concluye.
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