El prolongado conflicto en Irán ha exacerbado la preocupación por la seguridad alimentaria mundial. La confluencia de elevados precios en combustibles y fertilizantes, sumada a las alteraciones climáticas, está generando una restricción en la oferta de cereales esenciales para la alimentación global.
Este panorama ha transformado, en solo dos semanas, las perspectivas para la inminente siembra de invierno 2025/26 en Uruguay. El considerable incremento del precio internacional del trigo, especialmente en Estados Unidos, ha revalorizado a los cereales. ¿Podría esta situación influir en las decisiones de los agricultores? Hace apenas un mes, tal cambio parecía poco probable.
Previamente, el ánimo de muchos productores se inclinaba hacia la reducción del área destinada a trigo y cebada. Factores como los suelos encharcados, retrasos en las cosechas, la combinación de sequía estival y lluvias excesivas durante la recolección, y el creciente atractivo de oleaginosas de invierno como la colza y la carinata, o los cultivos estivales de primera, eran determinantes.
Sin embargo, una serie de jornadas soleadas ha abierto una valiosa ventana para acelerar la finalización de la cosecha de verano e iniciar rápidamente la siembra de invierno, priorizando las oleaginosas. Estas condiciones casi perfectas para ambas labores sugieren la posibilidad de una superficie triguera superior a las estimaciones iniciales.
Es plausible que en mayo se concrete el objetivo de siembra de oleaginosas de invierno, alcanzando una cifra récord cercana a las 400 mil hectáreas, que incluye colza, carinata y camelina. La siembra de cebada ya está en marcha, con ventas que aprovechan la escalada del trigo en Chicago, su principal referente. A pesar de una disminución en el área de Maltería Uruguay y un aumento en Maltería Oriental, el volumen destinado a malteo se mantiene, complementado por la cebada forrajera para establecimientos ganaderos y lecheros.
La cebada disfruta de una doble ventaja: refleja íntegramente el precio futuro de diciembre de 2026 en la Bolsa de Chicago y permite ventas anticipadas bajo esta referencia, que esta semana alcanzó los US$ 260 por tonelada, el nivel más alto en dos años, superando ampliamente las proyecciones presupuestarias. Una de las malterías reporta que la fijación de precios por parte de los productores es cuatro veces más rápida que en cosechas previas a esta altura del año. Este segmento también parece definido, con la semilla disponible ya comercializada, similar a la colza. No obstante, la tardanza en la definición de las condiciones comerciales para la carinata genera incertidumbre sobre su superficie final.
Sin embargo, la principal interrogante sigue siendo el trigo, cuyo destino aún no está completamente definido. En las últimas dos semanas, el precio de referencia para la próxima cosecha de trigo ha subido aproximadamente US$ 20 por tonelada, situándose en US$ 225. Aunque es una mejora considerable, es inferior a la de la cebada y su impacto en la rentabilidad de equilibrio es mitigado por el alza en los costos de insumos como fertilizantes, gasoil y, previsiblemente, de flete y cosecha.
La intensificación de la sequía en Estados Unidos, que impacta directamente en los cultivos de trigo de invierno a pocas semanas de su recolección, se añade a los factores geopolíticos que impulsan los costos de producción del trigo. Esto se traduce globalmente en una reducción de las superficies sembradas y en proyecciones de menores rendimientos en numerosas regiones.
El informe de oferta y demanda de granos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), difundido el martes, revitalizó la tendencia alcista del cereal, la cual ya manifestaba el deterioro de los cultivos en ese país. La cotización se disparó más de US$ 12 en una jornada, alcanzando el límite diario del mercado, y acumula un aumento del 26% en lo que va de 2026.
La drástica reducción de la cosecha estadounidense superó las expectativas: el USDA estima la producción de trigo para 2026/27 en 42,49 millones de toneladas, muy por debajo de los 47 millones que anticipaban los operadores privados y los 54 millones de la campaña anterior. Esto representaría la menor cosecha de Estados Unidos desde 1972/73, con la menor superficie sembrada desde 1919, y entre el 30% y el 40% del área actual clasificada como “pobre” o “muy pobre” podría no ser cosechada. Una sequía persistente podría agravar aún más la caída de la producción y el incremento de los precios.
A estos elementos alcistas se suman las proyecciones de una menor producción global, estimada en 819 millones de toneladas, 25 millones menos que el año anterior. Además del descenso del 21% en EE.UU., se prevén caídas en Argentina (-25%, al no repetir los excelentes rendimientos pasados), Australia (-17%), Canadá (-12%), la Unión Europea (–6%) y Rusia (-5%).
La incógnita principal reside en qué proporción de la valorización en Chicago se reflejará en el precio del trigo en el Río de la Plata. En Argentina, la expectativa se centra en posibles reducciones adicionales de las retenciones. Por el momento, la respuesta es limitada. Fernando Villamil, de Hajnal y Compañía, indicó que gran parte del trigo disponible en Uruguay ya fue comercializado, y el remanente se mantiene con una decisión de venta postergada, ya sea para forraje o para la industria molinera.
El consumo de trigo para alimentación animal en corrales ha experimentado un notable aumento, resultando en un stock inferior al del año anterior, a pesar de una reducción en las exportaciones. Los corrales han marcado la pauta de precios, con valores cercanos a los US$ 230 por tonelada, superando las ofertas previas de exportación. Las exportaciones de la actual campaña (noviembre 2025 a mayo 2026) alcanzaron 879.000 toneladas, valoradas en US$ 186 millones, lo que representa una disminución del 14% (141.000 toneladas) en comparación con el año anterior, con caídas pronunciadas en marzo y abril. El precio FOB promedio de la campaña se sitúa en US$ 211, con una tendencia ascendente de US$ 208 en diciembre a US$ 235 en la primera quincena de mayo, según datos aduaneros. Las existencias en mayo suman 445.000 toneladas, un 25% menos interanual y el volumen más bajo para esta fecha en cuatro años.
Se calcula que unas 100.000 toneladas se destinaron a forraje en corrales y tambos desde la cosecha, a precios competitivos frente al maíz. Argentina aún posee un stock considerable para comercializar, proveniente de una zafra récord de 29,5 millones de toneladas, lo que ejerce presión sobre los precios regionales e impide alcanzar plenamente los valores de Chicago. Por su parte, Brasil, principal importador para Argentina y Uruguay, ha reducido sus compras este año de 2,4 a 1,7 millones de toneladas. A esto se suma la problemática de la baja proteína en los trigos, que limita su potencial exportador pero no afecta su uso en alimentación animal.
Villamil aclaró que «el trigo se ve más influenciado por el equilibrio de oferta y demanda regional que por las cotizaciones de Estados Unidos», señalando que la presencia de EE.UU. en las exportaciones mundiales de trigo es menor que en maíz y soja, y que Rusia y Ucrania están, en parte, supliendo el déficit estadounidense.
Actualmente, el trigo en acopio oscila entre US$ 220 y US$ 225, tanto para el disponible como para la próxima cosecha.
El incremento de los precios podría estimular un cierto aumento en la superficie sembrada, superando las intenciones iniciales previas a las recientes alzas. Sin embargo, tanto el trigo como la cebada podrían situarse por debajo de las hectáreas cultivadas el año pasado. Inicialmente, se preveía una disminución del área triguera en torno al 20% respecto a las 283 mil hectáreas de la campaña 2025. Un factor clave y de riesgo considerable es la formación de un fuerte fenómeno de El Niño en el Océano Pacífico.
En gran medida, las condiciones climáticas y comerciales podrían inducir a los productores a asumir un mayor riesgo y expandir la superficie de siembra. Alternativamente, esto también podría ocurrir si surgen complicaciones que limiten el área de oleaginosas.
La Unión Rural de Flores proyecta una reducción del 15% en el área de trigo y cebada, aunque esta estimación es variable. Elena Loaces, del Departamento Técnico de URF, señaló que «el precio del trigo será un soporte. Si se extiende el plazo de siembra de colza, podría haber alguna sustitución». Un operador de Soriano anticipó un posible aumento en la superficie total de cultivos de invierno en comparación con el año anterior, impulsado por la mejora de precios en cebada y trigo, mientras se mantienen las decisiones ya tomadas para colza y carinata, que continúan ofreciendo un margen diferencial consolidado, con precios de US$ 548 por tonelada para colza y US$ 585 para carinata fijados esta semana.
En contraste, Villamil mostró mayor cautela, argumentando que los planes de siembra están en gran parte definidos, las fechas límite se acercan, y los factores comerciales junto con el riesgo de El Niño, especialmente para el trigo, son decisivos. Según operadores agrícolas, el área total de cultivos de invierno en Uruguay podría situarse entre 750.000 y 800.000 hectáreas, representando un incremento respecto a las casi 700 mil hectáreas anteriores, impulsado por la expansión de las oleaginosas y un mantenimiento del área de cereales.
El mes de junio será crucial para las decisiones de siembra. Condiciones favorables para el trigo en ese mes podrían marcar una diferencia adicional, al igual que la evolución de los mercados en Estados Unidos y las cifras de Brasil. Este último, un importador vital, podría enfrentar una significativa merma en su producción debido a la combinación de altos costos de fertilizantes, condiciones climáticas adversas y el impacto pronunciado de El Niño en su región sur.
El contexto regional augura una presión alcista sobre los precios para la cosecha de noviembre-diciembre, momento de fijación de valores en Uruguay. El USDA pronostica que la producción brasileña de trigo en 2026/27 descenderá a 6,7 millones de toneladas, en contraste con los 7,87 millones del ciclo previo. La firma Safras & Mercado es más pesimista, estimando una cosecha de 6,15 millones de toneladas y un incremento en las importaciones, que podrían rozar los 8 millones, frente a los 6,6 millones actuales. La superficie sembrada en Brasil se proyecta en 1,94 millones de hectáreas, por debajo de los 2,35 millones de la campaña anterior y un 40% menos que hace cuatro años. Esta contracción se debe tanto a la reducción del área como a una menor inversión tecnológica, resultado de la presión de altos costos y precios que no han recuperado los márgenes. El riesgo climático asociado a El Niño en el sur de Brasil añade más incertidumbre. El análisis de Safras & Mercado indicó que «algunos productores tienden a disminuir su superficie cultivada, elegir cultivos con menor riesgo o emplear un paquete tecnológico más básico».
En Argentina, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires calculó una superficie de 6,5 millones de hectáreas y una producción de 21,3 millones de toneladas, lo que implica una disminución del 3% en el área y un 23% en la producción en comparación con la campaña récord anterior, atribuible a menores rendimientos y una fertilización menos intensa. La Bolsa de Comercio de Rosario, por su parte, recortó en 500 mil hectáreas la previsión de siembra con respecto al año pasado y en 10 millones de toneladas la producción esperada, debido a la combinación de menor superficie y ajustes en la fertilización que afectarán el rendimiento. Los márgenes proyectados continúan bajo presión, y cualquier avance en los precios o reducción de costos podría ser crucial para las decisiones de siembra, según la Bolsa de Cereales, que advirtió que «alteraciones menores en las variables económicas pueden tener efectos significativos sobre las decisiones de siembra y de inversión tecnológica».
En Brasil, existe inquietud por la escasez de trigo de calidad proveniente de Argentina y el incremento en los costos de importación. Esto se debe no solo a las alzas de precios, sino también a las recientes reformas tributarias que reimpusieron aranceles a la importación de trigo, encareciendo la materia prima para la industria. Para Uruguay, la confluencia de una menor producción brasileña y argentina —siendo Brasil su principal comprador y Argentina su competidor clave—, sumada a la situación crítica del trigo estadounidense, podría generar precios más ventajosos para la cosecha de fin de año.
Para el trigo, no solo las lluvias primaverales representan un riesgo significativo; las condiciones climáticas de junio también serán un factor decisivo para la presente zafra.
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