La inquietud se apodera de los criadores de ganado en Estados Unidos ante las recientes políticas del presidente Donald Trump, destinadas a mitigar los altos precios de la carne. En las vastas praderas de Texas, mientras el ganado hereford pasta tranquilamente, los ganaderos meditan sobre decisiones que podrían afectar su tradicional apoyo al mandatario de cara a las próximas elecciones legislativas de noviembre.
El sector ganadero bovino estadounidense atraviesa su situación más compleja en más de setenta años. Factores como las severas sequías de los últimos tres años, las dificultades para la recuperación del ganado y el encarecimiento de los combustibles, impulsado por el conflicto en Oriente Medio, han resultado en que la cabaña ganadera a principios de este año registrara su menor tamaño desde mediados del siglo pasado. Esta coyuntura adversa en los ranchos se ha reflejado directamente en los mostradores: el valor de la carne vacuna ha escalado drásticamente. Las proyecciones gubernamentales indican un incremento del 9.8% para este año, una cifra considerablemente superior a la inflación general estimada por la Reserva Federal, que oscila entre el 3.4% y el 3.7%.
En un intento por estabilizar los costos, Trump aprobó la entrada de 300.000 toneladas extra de carne molida, con aranceles reducidos, efectiva desde el 1 de septiembre. Sin embargo, esta decisión ha generado descontento incluso entre sus seguidores más leales. Sid Miller, Comisionado de Agricultura de Texas, a quien el propio presidente ha elogiado como un «guerrero» del movimiento MAGA, expresó su desacuerdo con la medida en declaraciones a la AFP. «Aunque respaldo completamente al presidente Trump, no estoy de acuerdo con su decisión de importar carne molida», afirmó Miller. Subrayó que «esta acción no contribuye al aumento de nuestro ganado y, por el contrario, exacerba nuestro déficit comercial agrícola. Esas importaciones equivalen a un millón y medio de cabezas de ganado», comentó Miller desde su rancho en Stephenville, mientras dirigía un grupo de terneros.
Aunque la administración argumenta que el objetivo es proporcionar un respiro para la reconstitución del hato ganadero, el sector advierte que este proceso es lento. Miller alerta que, en primer lugar, los rancheros «se apresurarán a vender sus terneros antes de un posible colapso del mercado». Además, vaticina que estas importaciones no lograrán reducir los precios de los cortes premium que el consumidor estadounidense prefiere.
«Podríamos sufrir pérdidas»
Los republicanos se enfrentan a las elecciones legislativas de noviembre con desventaja en las encuestas frente a los demócratas, y con un Donald Trump cuya popularidad ha disminuido; solo el 35% de los ciudadanos aprueba su gestión. En 2024, Trump había cosechado un impresionante 77.7% de los sufragios en los 444 condados con una fuerte dependencia del sector agropecuario, según datos de Investigate Midwest. Sin embargo, una encuesta de ActiVote de agosto reveló que su aprobación en las áreas rurales había caído al 42%. «Los ganaderos hemos sido tradicionalmente grandes defensores de Trump», señala Miller, pero advierte que los comicios de noviembre «serán los más disputados de la historia reciente». Pese a que los republicanos han dominado «todos los cargos estatales en Texas durante tres décadas, anticipamos perder algunos», pronostica Miller, atribuyendo este descontento a la cuestión de la carne, al aumento de los precios de los combustibles y al incremento de centros de datos en la región, factores que, en su opinión, «han desilusionado a numerosos ganaderos».
La Asociación de Ganaderos de Texas y el Suroeste emitió un comunicado indicando que, «aunque valoramos el respaldo de la administración Trump a los ganaderos, incrementar las importaciones de carne de res no resuelve el problema de los precios elevados», enfatizando que la verdadera solución radica en la recuperación de la cabaña ganadera. Por su parte, Bill Bullard, director ejecutivo de R-CALF USA, una organización de productores, comentó que «la entrada de productos importados restringe nuestras capacidades de producción interna. Esto, a su vez, reduce la demanda de ganado local y, consecuentemente, el precio que se paga por él». A pesar de la postura no partidista de su organización, Bullard calificó la decisión de Trump como una «política equivocada».
Importar ganado
Además de la carne, Miller, quien ya había criticado la política agrícola del ex presidente demócrata Joe Biden, también pone en tela de juicio la prohibición de Trump sobre la importación de ganado vivo proveniente de México, implementada con el fin de controlar el gusano barrenador. Sugiere que esta medida podría haber tenido un trasfondo «político, con alta probabilidad», en medio de un clima de tensiones comerciales. «Tradicionalmente, cada año recibimos aproximadamente 1.5 millones de cabezas de ganado desde México. Este ganado consume nuestros pastos y nuestro maíz, pasa por nuestros corrales de engorde, se transporta en nuestros camiones y es procesado por nuestra fuerza laboral. Sin embargo, esta vía ha estado cerrada» desde mayo de 2025, detalla. Añade que «aunque ya experimentamos brotes de gusano barrenador en las décadas de 1960, 1970 y 1980, nunca se optó por un cierre fronterizo. Existen protocolos para evitar la entrada de ganado infectado». Si bien la administración permitió la reanudación de la importación de ganado mexicano a través de un punto en Arizona, la frontera con Texas permanece clausurada.
A pesar de esta situación, la demanda interna de carne se mantiene robusta. A media mañana, los aromas de la carne a la parrilla inundan los establecimientos gastronómicos de Texas, el estado que no solo posee la mayor cantidad de ganado, sino que también es el principal consumidor de carne. Mark Jeter, en un restaurante de Stephenville, comenta mientras aguarda su comida: «Un buen ojo de bife cuesta 19.99 dólares la libra (450 gramos), y un bife de chorizo, 17.99. Previo al incremento inflacionario (alrededor de 2022), estos mismos cortes se podían conseguir por 10 u 11 dólares. El aumento es bastante pronunciado».
(AFP / por Moisés ÁVILA)
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