A pocos meses de la prevista llegada del fenómeno de El Niño, que se perfila como uno de los más intensos desde el siglo XIX, el ámbito agropecuario de Uruguay se encuentra en estado de alerta.
Las advertencias climáticas se han multiplicado y reforzado desde el inicio del año, señalando la inminencia de un evento de El Niño de proporciones significativas. Mientras tanto, las temperaturas en las regiones clave del Pacífico continúan ascendiendo semana tras semana, lo que intensifica la preocupación en el sector agrícola del país. El calentamiento oceánico global, en un planeta ya afectado por altas temperaturas, es una fuente de inquietud para la comunidad científica. Recientemente, los servicios meteorológicos de Estados Unidos destacaron que el actual calentamiento en el Pacífico es el más pronunciado en décadas, y modelos climáticos, como los analizados por Metsul, proyectan un evento sin precedentes para este 2026, advirtiendo sobre la primera gran ola de tormentas «torrenciales y destructivas» para Uruguay.
Esta alarma se fundamenta en antecedentes notables, como la trágica ola de calor en Europa que dejó miles de víctimas, y un mes de junio récord en múltiples naciones. Si bien la atención global hacia el cambio climático ha disminuido por diversas razones, no es porque los problemas se hayan resuelto o las temperaturas se hayan estabilizado. Subestimar este riesgo podría ser fatal, y desaprovechar el potencial «riego natural» que podría traer, significaría perder valiosas oportunidades.
Los océanos ya registran temperaturas promedio sin precedentes. El 21 de junio, el servicio Copernicus para el Cambio Climático de la Unión Europea documentó una temperatura superficial promedio del océano global de 20,86 °C, la marca más alta jamás registrada para esa fecha desde que existen mediciones satelitales confiables. Desde entonces, la temperatura oceánica global ha seguido batiendo récords diariamente. Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos enfrentó una «cúpula de calor» potencialmente histórica a principios de julio, afectando a más de 185 millones de personas con alertas por calor extremo.
Además de estos eventos, que incluyen intensas inundaciones en el sur de China, el factor determinante para Uruguay será la evolución de la temperatura del Pacífico en las próximas semanas. Se prevé que la anomalía superará los dos grados Celsius, lo cual ya es grave. Un aumento superior a los cuatro grados desencadenaría una inestabilidad climática inédita. La persistencia del calor también es crucial: el fenómeno de El Niño de 2015 generó lluvias continuas en Uruguay en abril de 2016, causando serios daños a los cultivos en cosecha e importantes inundaciones en el este del país. Las incógnitas se centran en la velocidad de su disminución y las condiciones posteriores.
**Perspectivas para Uruguay**
Los antecedentes sugieren que este segundo semestre y el primero de 2027 podrían ser escenario de fenómenos climáticos intensos. Para Uruguay, el calentamiento del Pacífico asociado a El Niño se traduce en mayores precipitaciones de lo habitual durante la primavera y, posiblemente, el verano y el otoño. Se espera una mayor incidencia a lo largo de la frontera con Brasil, en el norte y este, y menor en el suroeste. El impacto en la producción agropecuaria dependerá del momento de la llegada de las lluvias; en general, cuanto más demoren, mejor.
El ciclo actual de cultivos de invierno, recién establecido, es una carrera contra el tiempo para asegurar la cosecha antes de la posible llegada de lluvias torrenciales. Para el trigo y la cebada, y en menor medida para otros cultivos de invierno, es crucial evitar precipitaciones excesivas en octubre. En primavera, cada semana sin excesos de lluvia será una ventaja, y si las precipitaciones más abundantes llegan en diciembre, el daño será considerablemente menor.
Aunque el riesgo principal recae en los cereales de invierno, el arroz también se ve afectado. Su éxito depende en gran medida de completar la siembra en octubre, y cada retraso significa una menor cosecha. Las lluvias tempranas y persistentes incluso podrían dificultar la siembra de verano. Lamentablemente, las proyecciones actuales no pueden precisar un momento exacto de inicio, ofreciendo pronósticos trimestrales. El período de setiembre a noviembre se presenta como el primer trimestre de alto riesgo, con una diferencia radical si las lluvias intensas llegan al principio o al final de este lapso. Aún no se dispone de una respuesta mes a mes.
Mientras el exceso de agua perjudica a los cultivos de invierno, para el maíz, El Niño es una bendición. A menos que las lluvias sean tan abundantes y tempranas que impidan la siembra, los cultivos de maíz ya establecidos recibirán con agrado a El Niño, siempre que los suelos no se saturen. Se anticipa una siembra récord de maíz para aprovechar lo que podría considerarse un riego natural. Años de Niño suave, como 2024/2025, resultaron en excelentes cosechas de maíz y soja, pero si este evento es tan intenso como se proyecta, el riesgo de excesos, como lluvias muy fuertes en poco tiempo, no puede ser descartado.
**Movimiento de precios**
En el caso del arroz, además de amenazar la siembra a tiempo, El Niño reduce el rendimiento por la menor luminosidad en primavera y verano, lo que afecta la fotosíntesis y la formación de grano. Sin embargo, un factor potencialmente más relevante en la ecuación es la posibilidad de un incremento significativo en el precio del arroz debido a la sequía que afecta a cultivos asiáticos. También se observa un soporte en los precios de otros productos, como el trigo, cuya superficie sembrada disminuye tanto en Uruguay como en Brasil y Australia, ya que los productores son conscientes de los riesgos que implica sembrar en estas condiciones. Rusia, un importante exportador, impuso esta semana un impuesto a la exportación de trigo, anticipándose a la suba de precios. La ola de calor de junio ya impactó en los precios, y esta semana la alarma llegó a Estados Unidos, donde una fuerte ola de calor sobre las áreas agrícolas podría causar serios daños a cultivos como el maíz y la soja, que hasta ahora se desarrollaban favorablemente. Además, el riesgo de sequía desde Australia hasta zonas de China, Indonesia y Malasia, podría elevar los precios de los aceites debido a la esperada caída en la oferta de aceite de palma.
**La ganadería frente a El Niño**
Mientras la agricultura se prepara para un período de probable inestabilidad, la ganadería de carne encuentra en El Niño un escenario altamente ventajoso. Excepto en zonas inundables como la cuenca del Cebollatí, las lluvias se traducen en una mayor oferta de pasturas naturales. Un verano lluvioso augura una alta producción de terneros a bajo costo. Ya se puede anticipar una zafra de toros muy favorable y un entore de verano que generará otra abundante producción de terneros en la primavera de 2027, llegando al mercado en el otoño de 2028, con una potencial buena oferta de ganado para faena en 2030 y 2031. La combinación de vacunos y campo natural se adapta particularmente bien a primaveras y veranos lluviosos.
La situación es más compleja para los tambos, donde el barro representa un problema de primer orden. Aun así, si se prevén lluvias, es preferible que ocurran en verano que en invierno. Al igual que con los cultivos, cuanto más se demore el exceso de lluvias, mejor será para el sector lechero. La situación de los ovinos es diferente; dada su adaptación a zonas áridas, sufren el exceso de lluvia tanto por enfermedades podales causadas por hongos como por el aumento de parásitos. El exceso de humedad afecta a los ovinos de manera similar a como el barro perjudica a las vacas lecheras. Un aumento de calor significa mayor evaporación, pero también más energía. Los temporales de primavera son un problema serio durante la parición ovina, constituyendo otro riesgo emergente. Para los vacunos, la abundancia forrajera trae un problema, especialmente en la zona norte: el control de la garrapata será difícil, aunque un invierno frío con heladas podría facilitar su manejo. Los problemas sanitarios no se limitan al ganado. También existe un mayor riesgo de aparición de problemas sanitarios en los cultivos de verano, como la incidencia del insecto chicharrita en el maíz o el aumento de hongos en la soja, que además deberá sortear el riesgo de lluvias excesivas en otoño durante la cosecha. Durante El Niño de 2016, la cosecha fue extremadamente complicada debido a lluvias persistentes a lo largo de abril.
**Más allá del agro**
Las implicaciones de El Niño irán más allá del sector agropecuario. Es previsible que muchas personas deban ser evacuadas en las cuencas del río Uruguay, río Negro, Cebollatí y Santa Lucía. Podría ser oportuno alertar a la población que reside en zonas inundables sobre los riesgos que enfrentarán en los próximos seis meses. El sur de Brasil suele recibir lluvias muy copiosas, como las que afectaron a Porto Alegre en un ciclo anterior, gran parte de las cuales desaguan a través del río Uruguay. Con más agua y temperaturas elevadas, la población de mosquitos será abundante, y su avance desde el norte podría generar casos de dengue y enfermedades similares.
Por otro lado, la señal de El Niño se vuelve menos clara en enero, donde podrían registrarse temperaturas excepcionalmente altas y no necesariamente lluvias. Mientras existe riesgo de exceso de lluvias en primavera y otoño, en pleno verano podrían surgir problemas por la combinación de varios días sin precipitaciones y calor intenso, similar a lo ocurrido recientemente en Europa y Estados Unidos. Es posible que en enero alguien se pregunte: «¿cómo es que hay sequía?». La señal vuelve a ser más pronunciada hacia el final del verano. Los riesgos de inundaciones se intensifican nuevamente en otoño. El Niño de 2015/16 dificultó enormemente la cosecha debido a lluvias permanentes en abril de 2016, un escenario que podría repetirse en el otoño de 2027, llegando a aislar ciudades como Lascano. Los efectos del fenómeno también suelen alcanzar las áreas urbanas, donde las lluvias intensas en poco tiempo pueden provocar inundaciones inmediatas al colapsar los sistemas de desagüe. Hasta el momento, solo se han observado los primeros síntomas lejos de Uruguay, pero en la segunda quincena de julio se esperan lluvias que podrían marcar el inicio de una nueva fase donde mantenerse alerta y tomar decisiones oportunas será crucial. La advertencia es justificada por la magnitud que ha adquirido el evento.
**Proporciones inéditas**
A medida que se acerca la fase crítica, las advertencias que generan preocupación aumentan. El matemático Eliot Jacobson, desde su sitio «El casino del clima», sugiere que en los próximos días o semanas este fenómeno de El Niño podría superar fácilmente las cuatro desviaciones estándar, un nivel estadísticamente extremo. Cita estudios que indican una tendencia creciente a eventos de El Niño y La Niña cada vez más intensos, con inundaciones y sequías más severas en el futuro. Advierte que lo que el planeta experimentará en los próximos 12 meses es solo un adelanto de lo que está por venir.
Una perspectiva más oficial, la de los servicios meteorológicos de Estados Unidos, indicó el 9 de julio que, sumado a las predicciones de los modelos, un fuerte acoplamiento entre la circulación atmosférica y oceánica en el Pacífico contribuye a una alta probabilidad de que El Niño persista hasta principios de 2027. Existe un 81% de probabilidad de un El Niño muy intenso entre octubre y diciembre, que se situaría entre los eventos más grandes registrados desde 1950. El Niño se intensificará hasta finales de año, con un 97% de probabilidad de que se extienda hasta principios de la primavera de 2027. ¿Es posible que no suceda nada? Sí, es un evento probabilístico y caótico. Pero sería muy arriesgado apostar por lo menos probable. El Niño dominará la agenda a partir de ahora y, tras una breve pausa, es probable que volvamos a hablar de La Niña y la sequía, en un ciclo continuo.
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