**El MGAP revela el riguroso sistema de inspección del ganado destinado a frigoríficos**

El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) ha hecho público el exhaustivo sistema de controles que se implementa para el ganado bovino destinado a faena en frigoríficos. Este protocolo se activa con cada envío y cuenta con la participación activa de productores, veterinarios acreditados y el servicio oficial del MGAP. La finalidad es asegurar la condición sanitaria de los animales, el estricto respeto de los tiempos de retiro de medicamentos y el cumplimiento de los estándares requeridos por los mercados globales.

**El proceso se inicia en el establecimiento ganadero**
Sandra Acosta, directora de Sanidad Animal del MGAP, subrayó que este proceso de fiscalización se gesta mucho antes de que los animales abandonen el predio. Previo a la llegada de un lote de ganado a un frigorífico, se despliega una serie de comprobaciones fundamentales para la aceptación de la carne uruguaya en los mercados internacionales más demandantes, aunque este trabajo suele ser imperceptible para el consumidor final.

La combinación de inspecciones sanitarias, certificaciones veterinarias y revisiones oficiales conforma uno de los pilares de la sólida reputación sanitaria de Uruguay. Acosta enfatizó que «la certificación no se inicia en la planta frigorífica; su punto de partida es el propio establecimiento ganadero y se mantiene a lo largo de toda la cadena de producción». Cada remisión de ganado para faena pone en marcha un protocolo que involucra a veterinarios particulares habilitados y al Servicio Oficial del ministerio, con el propósito de asegurar que los animales cumplen tanto con la normativa sanitaria nacional como con los requisitos de las naciones importadoras de carne uruguaya.

**Ventaja competitiva del sistema uruguayo**
Uruguay se distingue por su sistema sanitario unificado, capaz de certificar ganado para una variedad de mercados tan dispares como los de Estados Unidos, la Unión Europea o China. Esta versatilidad impone la necesidad de que cada certificación sea sumamente rigurosa. A lo largo de las últimas décadas, el procedimiento ha transitado desde un formato en papel hacia una plataforma electrónica avanzada, que incorpora verificaciones automatizadas, registros de trazabilidad y certificaciones digitales. Cada paso queda documentado y puede ser fiscalizado por las autoridades nacionales y por las delegaciones sanitarias internacionales.

El protocolo se inicia cuando el veterinario habilitado notifica al Servicio Oficial, con un mínimo de 48 horas de antelación, su intención de realizar una certificación en un predio. Antes de autorizar la inspección, el sistema verifica que la propiedad no tenga restricciones sanitarias activas, que la acreditación del veterinario esté vigente y que se cumplan todas las condiciones normativas.

En el campo, el profesional veterinario efectúa una inspección clínica de los animales, confirmando la ausencia de signos de enfermedades de declaración obligatoria y verificando la identificación individual mediante lectura electrónica. Simultáneamente, revisa la Planilla de Control Sanitario para asegurar que todos los tratamientos aplicados hayan respetado los plazos de espera antes de la faena. Acosta enfatizó la relevancia de este documento, que funciona como una declaración jurada del productor, validada posteriormente por el veterinario acreditado. La firma del veterinario corrobora la revisión de la información y el cumplimiento de los tratamientos con las exigencias sanitarias, consolidando una corresponsabilidad entre productor y veterinario.

El sistema electrónico, de forma autónoma, detecta y bloquea a los animales que no cumplan con los criterios de permanencia en el predio, presenten inconsistencias en la trazabilidad o no reúnan las condiciones para ciertos mercados, impidiendo que avancen en el proceso de certificación. Todas estas fases son susceptibles de auditoría. Según la directora de Sanidad Animal, las auditorías oficiales son cruciales para verificar la operatividad del sistema, identificar posibles anomalías e implementar las correcciones necesarias, salvaguardando la fiabilidad de las certificaciones. Esta capacidad de probar, mediante procesos documentados y verificables, la precisión de cada certificación es uno de los principales pilares de la confianza internacional en el sistema sanitario uruguayo. La capacidad de demostrar la ejecución y auditabilidad de cada paso es fundamental.

**Alcance de la certificación uruguaya**
El certificado sanitario expedido por Uruguay avala, entre otros elementos, que los animales nacieron y se desarrollaron en territorio nacional, que provienen de establecimientos autorizados, que adhieren a los programas oficiales de monitoreo sanitario —incluyendo la prevención de la fiebre aftosa— y que satisfacen las demandas particulares de cada mercado importador. Es importante destacar que estos controles no hacen distinción entre la carne destinada a la exportación y la que se consume en el país. Los mismos animales que cumplen los estrictos requisitos sanitarios para mercados como Estados Unidos, la Unión Europea o China, son los que, a su vez, abastecen el consumo interno. En consecuencia, las salvaguardias que sustentan la confianza de los importadores son idénticas a las que amparan a los consumidores uruguayos. Aunque un porcentaje significativo de la producción se orienta a la exportación, el sistema sanitario no segrega entre el ganado para mercados externos y el de comercialización local. Toda la cadena de certificación asegura la calidad tanto para los compradores internacionales como para los consumidores domésticos.

La directora Acosta concluyó su exposición enfatizando que la eficacia del sistema reside tanto en la tecnología empleada como en el compromiso inquebrantable de todos los actores que operan diariamente en los establecimientos. Cada anotación en la planilla sanitaria, cada tratamiento registrado de manera correcta y cada determinación en el ámbito rural influye directamente en la calidad final del producto. Cada paso dado en el campo repercute en el alimento que llega a la mesa del consumidor. Una vez que el animal ha entrado al frigorífico, no es posible subsanar las omisiones previas. La calidad y la credibilidad se forjan mucho antes del embarque.

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