Uruguay apenas irriga una fracción de sus campos de maíz (entre 10% y 15% del área total) y una porción aún menor de soja (solo 2,2%), a pesar de que la reciente campaña agrícola ha evidenciado brechas de productividad sin precedentes entre los cultivos bajo riego y los de secano. En el maíz, el rendimiento de las parcelas irrigadas duplicó con creces al de las de secano, mientras que en la soja, la diferencia fue de entre 80% y 90% superior. Este incremento en la productividad resulta fundamental para el desarrollo agrícola del país, especialmente en el maíz, dada la limitada capacidad de expansión del área cultivable.
Con aproximadamente 70.000 hectáreas ya bajo riego por pivot y un potencial estimado de hasta 300.000 hectáreas, la Comisión Ejecutiva Interministerial para Asuntos del Riego (CEIAR), presidida por el exministro Tabaré Aguerre, presentó sus primeros avances en el Parlamento. Las gremiales agrícolas han manifestado su apoyo a la necesidad de establecer una política de Estado que fomente inversiones a largo plazo. Actualmente, la infraestructura de transmisión eléctrica y las tarifas de UTE constituyen un freno importante, siendo la energía el costo principal del bombeo.
Una reciente modificación en la clasificación de grandes consumidores de electricidad ha generado una paradoja: el gasoil se ha vuelto una fuente de energía más económica para los sistemas de riego, lo que contrasta con el objetivo de Uruguay de promover una producción sostenible, respaldada por su matriz energética casi totalmente renovable (98%). Aguerre concibe el riego como el punto de partida de una cadena de valor que culmina en la producción de «carne diferenciada y de alta calidad», originada en un país que utiliza maíz irrigado con energía limpia y donde el 75% de la vida del animal transcurre en pastizales naturales. “Ese es el sello distintivo de Uruguay”, afirmó Aguerre. Para el exministro, la misión de la CEIAR es “crear las condiciones económicas y organizacionales para que el agua se integre en el sistema productivo agrícola como un insumo más, en aquellos esquemas con un alto potencial de productividad”, dado que el riego puede triplicar la cosecha de maíz y al menos duplicar la de soja.
**Ampliación de la Brecha de Rendimientos**
El colectivo Regadores Unidos, que agrupa a 72 empresas que gestionan entre 60.000 y 70.000 de las 80.000 a 90.000 hectáreas irrigadas por pivot en el país, reconoce la profundidad y el acierto del diagnóstico de la Comisión para remover obstáculos al riego. Gastón Sebben, portavoz de Regadores Unidos, destacó que la zafra 2026 registró el mayor diferencial histórico entre cultivos irrigados y de secano. En soja, el promedio con riego alcanzó los 3.500 kilogramos por hectárea, el doble de los 1.700 kg/ha obtenidos en cultivos de secano, duramente afectados por la sequía. Sebben calificó este resultado de «inusual», ya que el diferencial habitual es de unos 1.000 kg más en soja de primera y 700 kg en soja de segunda; en esta campaña, marcó la diferencia entre pérdidas y ganancias, pues el rendimiento de equilibrio superó los 2.000 kg/ha.
Según datos oficiales de DIEA para la campaña 2025/26, el maíz de primera bajo riego rindió 11.680 kg/ha, frente a 5.088 kg/ha en secano. Para el maíz de segunda, los valores fueron 8.315 kg/ha con riego y 4.549 kg/ha sin él. El área de maíz irrigado experimentó un notable crecimiento del 37% en un año, pasando de 27.000 a 37.000 hectáreas, con un 20% del maíz de primera siembra (17.672 hectáreas) bajo irrigación. Sebben subrayó la importancia de la variabilidad interanual como indicador de sostenibilidad y previsibilidad. El coeficiente de variación del rendimiento en maíz con riego es de apenas 12%, comparado con un 38% en secano. “Reduciríamos la variabilidad tres veces”, indicó, lo que convierte al riego no solo en un multiplicador de la producción, sino también en un estabilizador clave para el negocio agrícola.
Los máximos rendimientos de la última zafra fueron excepcionales: entre 17.000 y 18.000 kg/ha en maíz, con valores superiores a los 15.000 kg/ha. En soja, los mejores resultados con riego superaron los 5.000 kg/ha. La tasa de adopción del riego ha crecido un 9% anual acumulado desde 2020, impulsada por cambios en la reglamentación de promoción de inversiones (COMAP) que mejoraron los beneficios y plazos. El crecimiento entre 2010 y 2018 había sido del 6% anual, con una pausa entre 2018 y 2019 debido a la caída de los precios de los granos. El maíz fue el cultivo con el salto más notorio en la última zafra, pasando de representar cerca del 10% a un 15% del área irrigada, con proyecciones de alcanzar el 20% en la próxima siembra.
**La Contradicción del Diésel**
Regadores Unidos identifica el suministro energético como el principal obstáculo. Los sistemas de riego por pivot requieren un uso intensivo y estacional de energía eléctrica. Las tarifas industriales de UTE no se ajustan a esta estacionalidad, y el umbral de 250 kilowatts para pasar de mediano a gran consumidor prácticamente duplica el costo por potencia contratada para sistemas de más de 250 hectáreas. “El acceso a la energía, la electrificación rural que no se ha planificado pensando en el riego, la disponibilidad de potencia y tarifas específicas son problemas”, resumió Sebben.
Desde hace dos años, para los sistemas de mayor envergadura, el uso de generadores a gasoil ha resultado más competitivo que UTE, lo que genera una contradicción en un país con una matriz energética 98% renovable. Si bien esto afecta a una fracción de los sistemas, el espíritu original era regar con energía eléctrica de fuentes renovables y costos decrecientes, señaló Sebben. Enrique Carlos Oyharzabal, productor agrícola y directivo de la Asociación Agro-Pecuaria de Dolores, criticó duramente el esquema energético de UTE, considerándolo el principal impedimento práctico para la expansión del riego. El problema radica en que UTE cobra a los productores el 100% del costo de las obras de electrificación, pero esa inversión, que puede sumar cientos de miles de dólares, no puede ser computada como activo propio, utilizada como garantía bancaria ni incluida en proyectos de inversión, ya que pasa a ser propiedad de UTE al finalizarse. Oyharzabal lo califica de «descabellado».
En consecuencia, muchos sistemas operan con generadores a gasoil, que resultan más económicos y sencillos de instalar que la infraestructura eléctrica de UTE, sacrificando la posibilidad de emplear energías renovables. Aunque llenar los tanques en lugares de difícil acceso es engorroso, la simplicidad de encender y apagar un generador pesa.
**El Ejemplo de El Águila**
Oyharzabal y la asociación han promovido durante años la construcción de una represa sobre el arroyo El Águila, en la cuenca del San Salvador, con potencial para irrigar hasta 9.000 hectáreas en Soriano. Aunque la gremial no ejecutará la obra, colabora activamente conectando productores con la CEIAR y aportando información. Los propietarios de predios parcialmente afectados tendrían opciones como arrendar sus tierras de por vida a valor agrícola, venderlas a la sociedad y convertirse en accionistas, o vender directamente. Sin embargo, Oyharzabal fue claro: si la represa El Águila se construye, la mayor parte de la energía provendrá del gasoil. «Escuchar que algo nuevo se haga con gasoil en un país que proclama una matriz energética limpia al 98% es una contradicción enorme», reconoció. Su visión a futuro contempla sistemas fotovoltaicos combinados con generación hidráulica en las propias tuberías de conducción, buscando una progresiva independencia de UTE.
**El Agua como el «Petróleo» de Uruguay**
Aguerre, al frente de la CEIAR desde hace casi un año, presentó ante la Comisión de Ganadería del Senado los primeros avances de la Comisión, que agrupa a los ministerios de Agricultura, Economía, Industria y Ambiente, bajo la coordinación de Presidencia. Según el exministro, representa un cambio radical en la forma de abordar el tema. La premisa central es que el agua es el «petróleo» de Uruguay. El país recibe un promedio de 1.500 litros por m2 anuales, pero con una distribución extremadamente irregular (años de 800 mm y otros de 2.000 mm), lo que provoca sequías con pérdidas de US$ 1.800 millones en 2023, y potenciales excesos en años húmedos. Los modelos climáticos sugieren que en esta región las lluvias serán más intensas pero peor distribuidas. “El problema no es la cantidad de agua, sino cuándo llueve”, sintetizó Aguerre.
La propuesta es captar el agua cuando abunda para utilizarla en momentos de escasez, imitando la estrategia aplicada por el sector arrocero durante décadas. La diferencia radica en que los cultivos extensivos de verano (maíz y soja) nunca se irrigaron masivamente; hoy, solo el 4% del área total está bajo riego, aunque con una marcada aceleración reciente. Aguerre argumentó que el modelo donde cada productor debe generar su propia fuente de agua limita el acceso a quienes carecen de escala, tamaño o topografía adecuada. La CEIAR impulsa un modelo multipredial: obras de almacenamiento compartidas, con figuras jurídicas como la sociedad agraria de objeto de riego y la figura del operador de riego, que disocian al inversor en infraestructura del gestor del recurso. “Queremos que el agua en un sistema productivo agrícola sea un insumo como los demás”, señaló. El agricultor moderno contrata servicios y alquila maquinaria; ¿por qué el agua debería ser diferente?
Estudios desde los años 60 han identificado un potencial de riego sostenible de entre 250.000 y 300.000 hectáreas en Uruguay, muy por encima de las 70.000 actuales. Con 25 años de investigación de la Facultad de Agronomía, el diagnóstico indica que en el 90% de los años los cultivos de verano sufren algún déficit hídrico, que el riego duplica o triplica la producción en sistemas de alto potencial, y que en años extremos como 2023 la producción irrigada pudo ser hasta seis veces mayor que la de secano. Aguerre también resaltó el beneficio ambiental: con agua disponible, mejora la absorción de fósforo, el nitrógeno puede aplicarse eficientemente mediante fertirriego, y el impacto ambiental relativo por kilo producido es menor que en secano.
En cuanto al cuello de botella energético, Aguerre adelantó que UTE está desarrollando una tarifa específica para riego con tres características clave: será zafral, permitirá un uso fuera de la zafra (hasta 25%-30%) para eventualidades, y elevará el límite para pasar de mediano a gran consumidor de 250 kilowatts a entre 700 y 800 kilowatts. “Con 800 kilowatts por servicio, casi ninguno de los que hoy tienen problemas de alto costo por gran consumidor quedará excluido”, afirmó. La predictibilidad de los instrumentos de promoción es tan vital como la tasa de descuento aplicada, aseguró Aguerre. Sebben coincide en que «tener una tarifa que sepamos cuánto va a ser el costo y que se adecúa a la realidad del riego sería algo positivo”.
**La Carne como Motor del Riego**
“Considero que la carne de Uruguay es uno de los principales impulsores indirectos del desarrollo del riego en el país”, afirmó Aguerre. El consumo nacional de maíz se ha disparado debido a los corrales de engorde y el mayor uso en la lechería, pasando de 700.000 toneladas anuales a 2 millones. Esta tendencia continúa en ascenso; este año se prevé una importación récord de maíz tras una zafra de apenas 1,45 millones de toneladas, la menor en tres años. La calidad integral de la carne no se limita a sus propiedades organolépticas, sino que también abarca los servicios ecosistémicos y el valor ambiental agregado a lo largo de la cadena, así como la seguridad de suministro, y “eso requiere maíz”, explicó Aguerre.
En esta cadena, el precio del novillo (US$ 6 por kilo) se convierte en el motor que impulsa el riego, ya que demanda maíz. “Un suministro estable de maíz es lo que hoy ha transformado al riego en la principal atracción”, concluyó. Si se mantiene el ritmo de adopción de los últimos años, el área de maíz irrigado podría alcanzar las 50.000 hectáreas en una sola siembra.
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