La siembra de arroz anticipa una merma, pero un nuevo instrumento financiero podría suavizar el impacto.

Con el mes de agosto finalizando y el inicio de la campaña de siembra de arroz 2026/2027 a la vuelta de la esquina, las proyecciones indican una disminución en la superficie dedicada al cultivo. Se espera que esta caída exceda ligeramente el 5%, pasando de las 163.500 hectáreas sembradas anteriormente a unas 155.000 hectáreas estimadas.

Guillermo O’Brien, quien preside la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA), compartió esta evaluación con El Observador esta semana. El alcanzar la superficie proyectada dependerá de la concreción de un apoyo financiero crucial, gestionado activamente por los arroceros. O’Brien detalló que se trata de un «crédito puente» de hasta US$ 500 por hectárea, con una extensión de 10 años para su devolución y de uso discrecional para los beneficiarios.

Respecto a las garantías del préstamo, el productor añadió que el Sistema Nacional de Garantías para Empresas (SIGA) aportaría el 60%, mientras que la industria arrocera cubriría el 40% restante. Adicionalmente, el titular de la ACA mencionó la formación de un fondo de garantía solidario, nutrido por contribuciones de todas las bolsas del país (aproximadamente 3/4 de centavo por bolsa anualmente). Este mecanismo busca construir una base para futuras garantías crediticias para el sector. O’Brien precisó que la configuración de estos apoyos se encuentra en sus fases finales.

En cuanto al panorama internacional del arroz, factor clave para las decisiones de los agricultores, los precios han mostrado una tendencia alcista. Esta consolidación de valores se atribuye principalmente a la considerable reducción del área sembrada en Estados Unidos (un 34% menos) y a las repercusiones del fenómeno de El Niño en diversas regiones productoras de arroz a nivel global.

Un informe de Blasina y Asociados para El Observador reveló que la cosecha 2025/2026 culminó con rendimientos excepcionalmente altos, superando los 9.300 kilos por hectárea y resultando en una producción total de 1,5 millones de toneladas, cultivadas por cerca de 500 productores. Sin embargo, a pesar de los buenos rendimientos, la ecuación económica ha sido desafiante. Esto se debe a una estructura de costos elevada, que ronda los US$ 2.200 por hectárea, y a los precios del grano, bajos hasta hace poco, en un contexto donde Uruguay exporta la mayor parte de su producción.

Esta complejidad financiera justifica la urgencia de una asistencia que facilite las próximas tareas agrícolas para un sector de vital importancia, no solo para los agricultores y la industria, sino también por los numerosos empleos directos e indirectos que genera en múltiples comunidades a lo largo de las cuencas del país. Es pertinente recordar que el pico histórico de superficie destinada al arroz en Uruguay se dio durante la zafra 1998/1999, cuando se cultivaron 205 mil hectáreas, según datos de la ACA.

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