El sector ganadero uruguayo experimenta un momento de auge sin precedentes. La intensa demanda por reproductores de calidad, impulsada por un palpable entusiasmo por la inversión genética, ha disparado las ventas en la reciente temporada de toros. Se estima la comercialización de unos 8.000 ejemplares, alcanzando un valor promedio histórico. Este dinamismo anticipa una de las etapas de entore más significativas en la historia del país. Curiosamente, si bien los precios de los toros han marcado récords en dólares, su costo relativo, medido en la cantidad de terneros necesarios para su adquisición, ha caído a mínimos históricos. Este escenario se da en un contexto donde el precio de los terneros se disparó un 40% en los últimos doce meses, mientras que el de los toros experimentó un alza aproximada del 15%. Esta nueva correlación de precios beneficia claramente al segmento de cría.
La campaña de comercialización de toros de 2026 no solo fue excepcional en valores, sino también en su calendario. Marcó un hito como la más adelantada históricamente, concentrando gran parte de su actividad en octubre, aunque con operaciones tempranas en septiembre y una proyección de menor volumen hacia noviembre, evidenciando la impaciencia del mercado. Se perfila además como la más voluminosa en términos de reproductores vendidos, superando las cifras del año anterior con aproximadamente 8.000 toros dispersados. El valor medio por transacción, que hasta la última semana sobrepasaba los US$ 5.000, contrasta significativamente con los US$ 4.400 registrados la campaña previa.
Expertos del sector coinciden en la excepcionalidad de la temporada. Daniel Dutra, director de Escritorio Dutra y reconocido martillero, calificó la zafra como «un éxito rotundo», destacando los excelentes precios y las variaciones típicas entre establecimientos y razas. Afirmó que los productores buscan maximizar el entore, motivados por el significativo valor de los terneros, que rondan los US$ 800 tanto para machos como para hembras, garantizando una rentabilidad muy atractiva. Por su parte, Alejandro Zambrano, de Zambrano y Cía, señaló un incremento en la intención de entore y en el número de vientres. Anticipó que noviembre será un mes de intensa demanda y oferta limitada, dada la considerable cantidad de toros ya vendidos en forma directa en los predios. Estas tendencias se reflejan en el crecimiento del stock ganadero: la población de vacas de cría se expandió en 100 mil animales, llegando a 4,44 millones, lo que podría traducirse en 70 mil terneros adicionales el próximo año. La categoría de vaquillonas de uno a dos años experimentó el mayor aumento, un 15%, sumando 178 mil animales que se incorporarán mayoritariamente a los rodeos en esta zafra. Incluso el número de toros creció un 4,7%, de 185 mil a 194 mil. Carlos Guinovart, director de la cabaña Bayucuá, sentenció: «Hoy es imperativo preñar todo lo posible, pues las condiciones para el crecimiento de la cría son óptimas».
El horizonte ganadero augura una «lluvia de terneros», proyectándose el mayor entore de la historia y una parición que podría superar los 3,2 millones de terneros en 2027, tras haber sobrepasado los 3,1 millones este año. Patricio Cortabarría, de La Ceferina y Origen (especializada en FIV), describió la zafra como «excelente». Explicó que la fuerte demanda responde a una clara inclinación productiva hacia la cría y la necesidad de animales, con el objetivo de reducir la edad de faena y aumentar el peso de la carcasa, mediante sistemas más intensivos y un uso más extendido de corrales de engorde. A pesar de este panorama positivo, algunos cabañeros y consignatarios consideraron que los toros «podrían haber valido un poco más», dada la revalorización de los terneros, que subieron casi un 35% desde 2025, promediando US$ 4,58 por kilo según la ACG. Los remates por pantalla reflejan este salto, con el valor promedio por ternero en octubre ascendiendo de US$ 665 a US$ 875 en el último año. Aunque los toros aumentaron su precio absoluto, en términos relativos, su valor, medido en terneros, disminuyó de 6,7 a 5,8. Alejandro Zambrano argumentó que la inversión genética es «bastante inelástica», desvinculada directamente de las cotizaciones de terneros o novillos, pues «muchas variables la definen, y es complejo cuantificar su retorno». Citó el ejemplo de Estados Unidos, donde los precios de los toros no varían drásticamente entre años de alta o baja reposición. Cortabarría, por su parte, matizó que, si bien los toros suben menos que los terneros, son los que «menos bajan» en épocas de caída. Daniel Dutra sostuvo que el incremento en el valor de los toros se justificaba por la mejora en los precios de la hacienda gorda y de reposición, y por las «prometedoras perspectivas de futuro», ya que la reducción de stocks en otros países productores de carne augura «muy buenos retornos económicos» para la producción local. En este contexto de intensificación ganadera, la cría se muestra altamente competitiva, incluso frente a la agricultura, que ostenta los precios de tierra más elevados del país. Dutra destacó una «demanda adicional de toros en zonas tradicionalmente agrícolas», donde la invernada de novillos está cediendo paso a la producción de terneros. Además, numerosas empresas agrícolas están implementando corrales de engorde para añadir valor a sus granos, transformándolos en carne en una de las relaciones grano-carne más favorables de la historia.
La evolución del mejoramiento genético se manifiesta con creciente evidencia en la hacienda uruguaya. Daniel Dutra apuntó que, a diferencia del pasado, donde los lotes de calidad sobresalían, hoy en los remates virtuales «es raro encontrar ganado de baja calidad». La mayoría de los lotes exhiben el fruto de años de trabajo genético en diversas razas y sus cruces. Carlos Guinovart, director de la cabaña Bayucuá, con 120 años de historia en la raza Angus y un promedio de US$ 7.150 por sus 70 toros vendidos este año (el más alto para la raza), sostiene que la incorporación de genética se traduce en una producción superior. «El objetivo de la carne Angus era lograr una distinción para la raza que beneficiara a toda la cadena, y eso es palpable hoy», afirmó Guinovart. Explicó que el Angus puro obtiene una prima en las pantallas, y las sangres definidas añaden valor a las vacas de cría, porque los feedlots «son capaces de analizar datos como el marmoleo y el rendimiento. Los empresarios de engorde saben qué ganado es rentable». Las tecnologías de reproducción asistida, como la inseminación artificial y la fertilización in vitro (FIV), están ganando terreno como herramientas eficaces para acelerar el progreso genético. Cortabarría indicó un «considerable aumento en la inseminación», resaltando la posibilidad de acceder a genética de altísima calidad y toros de gran potencial a un costo más accesible, con un servicio de inseminación integral, tiempos definidos, partos concentrados y margen para un segundo entore. «La gente lo está conociendo y apreciando», comentó. La FIV, por su parte, permite multiplicar la descendencia de hembras de alto valor y reducir drásticamente los intervalos generacionales, seleccionando características productivas de forma más eficiente. Estas técnicas reproductivas contribuyen a que «una parte del rodeo obtenga un diferencial genético con información comprobada».
Una primavera inusual, que ha ralentizado el desarrollo forrajero, mantiene a los ganados en una condición corporal más propia de agosto que de finales de octubre. Esta circunstancia dilata el período de entore y, siempre que haya disponibilidad de toros, prolongará la zafra. Alejandro Zambrano prevé «un gran interés en las próximas semanas», de productores que aún no han adquirido los toros necesarios. Daniel Dutra reafirmó que «la demanda por reproductores persistirá», ya que las vacas no poseen la condición física ideal para el entore, lo que sugiere que algunos productores «esperan que la primavera se normalice» antes de finalizar sus compras. Patricio Cortabarría destacó una «presión considerable» sobre los terneros debido a la alta demanda de novillos. Explicó que «la cría fue el último eslabón en recibir los beneficios de los precios». Hace un año, la vaca de cría ofrecía una excelente rentabilidad respecto al ternero (US$ 600 ternero, US$ 900 vaca), pero «ahora la situación se ha equilibrado» con el significativo aumento del valor de la vaca a US$ 1.400. Cortabarría cree que esta tendencia «llegó para quedarse», y que el precio pagado por la vaca se alinea mejor con su rentabilidad futura. Carlos Guinovart vaticina que vacas y vaquillonas «seguirán apreciándose en la medida que se necesiten terneros», y que, dadas las actuales relaciones de valores, «la vaca preñada debería superar a la gorda», como ocurre en ganaderías avanzadas. Los valores actuales del ganado, según Cortabarría, «impulsan una cría más prolífica», con un marcado afán por entorar, incorporando tecnologías como el ajuste de cargas, tablillas y destete precoz para sacar provecho de los buenos precios. Aunque es complejo cuantificar el total de vientres que se entorarán, hay señales claras: una baja faena de hembras, un entore máximo de vaquillonas jóvenes (15 meses a dos años) y una retención significativa de terneras. El fenómeno de El Niño, además, prácticamente garantiza un buen suministro de agua para el verano. Los efectos plenos de estas decisiones se verán en 2028, con una expansión de la base productiva de terneros y un fuerte impulso para maximizar el porcentaje de destete. Los tres millones de terneros quedarán como una cifra del pasado, y para el final de la década, la visión de 4 millones empezará a materializarse, haciendo que la genética sea cada vez más vital.
Fernando Alfonso, director de cabaña Las Anitas, que este año logró un nuevo récord con un promedio de US$ 7.834 por sus 99 toros Hereford y Polled Hereford, con un máximo de US$ 24.600, compartió su perspectiva en una entrevista.
Sobre el balance de la zafra de reproductores, Alfonso calificó la demanda como «realmente impresionante», señalando que «nos quedamos cortos de toros» y que la solicitud de vientres se mantuvo firme todo el año, con muchos clientes buscando expandir o mejorar sus rodeos de cría. Expresó orgullo y gratitud hacia quienes los acompañan anualmente en su remate, reconociendo la «enorme responsabilidad» de producir toros que contribuyan a «ganadazos» de trabajo.
Alfonso percibe un cambio en las preferencias de los productores: un interés creciente en la genética como «pilar fundamental para acelerar procesos, optimizar la eficiencia de los sistemas y lograr una mejor valorización de los productos». Observa una «diferencia significativa» en los remates de ganado comercial entre lotes conocidos por su genética y programas sólidos. Destaca la importancia de los toros evaluados con datos, si bien advierte sobre una posible «excesiva importancia relativa de los DEP’s» en comparación con otras características como el fenotipo y el pedigree.
En cuanto a la influencia de la genética de calidad en la valorización del rodeo, Alfonso es categórico: «no tengo ninguna duda» de que los programas genéticos serios –aquellos con muchas generaciones evaluadas, grandes grupos contemporáneos e integración de tecnología constante (DEPs, genómica, datos físicos en campo)– «aceleran la valorización de los ganados de reposición». Aclaró que la genética no se expresa aisladamente, pero «cuando a los ganados se les proporcionan las condiciones necesarias (sanidad, nutrición, manejo), se convierte en una herramienta muy potente».
Respecto a si se vive una «revancha» de la cría o el ternero, Alfonso afirmó que «con este nivel de precios estamos asistiendo a una gran reivindicación de los sistemas de cría», históricamente el eslabón más vulnerable de la cadena. Subrayó que la cría es una «actividad artesanal» que demanda «muchísimo tiempo, inversión, reflexión y dedicación», y consideró «fundamental que el criador en nuestro país reciba el reconocimiento económico que merece».
Sobre el entore en esta primavera atípica, que ha traído «fríos atípicos» y un atraso en la zona de Las Anitas, enfatizó la importancia del «monitoreo de los ganados de cría en cada empresa para asegurar los porcentajes de preñez necesarios».
Finalmente, sobre la ganadería uruguaya en el contexto global de oferta ajustada y demandas crecientes, Alfonso resaltó las «condiciones naturales casi ideales» del país: clima templado y pastizales de excelente calidad que permiten una cría a bajo costo. Valoró la «cultura ganadera» y la importancia de «seguir siendo reconocidos por la calidad de nuestras carnes», distinguiéndonos por la crianza de razas británicas que producen animales precoces, pesados y con «excelentes carcasas». Concluyó que, en un mundo con creciente demanda de proteínas de alta calidad, Uruguay posee «todas las condiciones para satisfacerla», y es responsabilidad de todos los actores –gobierno, brokers, industria, productores– cumplir con estas exigencias, mejorando continuamente su trabajo.
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